Antropóloga, Diplomada en Gestión Cultural y en Medicina Complementaria y Terapias Alternativas. Actualmente cursa el Diplomado en Terapia Ancestral Familiar con Plantas de Poder. Es Maestra de Reiki Usui Ho, terapeuta floral y fundadora de Angelitodemiguarda, centro orientado a la práctica, difusión y enseñanza de la medicina complementaria.
En el ámbito de la arqueología ha desarrollado investigaciones en el Valle del Aconcagua, especializándose en el rol de la infancia y la mujer reflejado en los contextos funerarios locales. Ha publicado dos libros como coautora sobre la prehistoria de la zona central de Chile, y actualmente prepara un tercero sobre la vida de mujeres indígenas prehispánicas y su rol en la sociedad.
Madre de dos pequeños, Ricardo y Sabina. Sabina tiene Sindrome de Down, lo que ha orientado su trabajo e investigación en medicina complementaria al tratamiento de personas con necesidades educativas especiales y al acompañamiento de una gestación, parto y crianza consciente.
Yo elegí la Libertad
A poco de andar a uno le hacen preguntarse ¿cómo has llegado a ser quién eres? ¿Cómo has llegado a estar dónde estás? Al principio parece un ejercicio banal. Enumerar dónde he crecido, lo que he estudiado y los trabajos que he tenido. Pero no es tan sencillo. Existen innumerables decisiones que te han llevado a tener la vida que tienes, que cuando miras en restrospectiva, toman un sentido profundo y cabal en tu vida.
Desde pequeña, mi sueño era la arqueología. Fue la primera palabra de más de tres sílabas que aprendí a decir. Yo quería ser arqueóloga para reconocer el legado de los antepasados y poder honrar su historia. Me seducían profundamente los sueños que habían forjado aquellos que vinieron antes de nosotros, y cómo los materializaron en los mismos escenarios que nosotros, pero mucho tiempo antes. Desde pequeña, caminaba de la mano de la imaginación. Fui una lectora ávida desde muy pequeña, y todo lo que la vida no me dio en cuanto a viajes en la infancia, lo suplí con mis sueños e historias intrincadas.
Aún tengo varios libros de mi infancia guardados. Libros de poemas o historias de fantasía, en los que describía en detalles lugares que nunca en la vida visité. Ahora entiendo que era –y sigue siendo, una gran capacidad de empatía y visualización, que me permite manifestar en mi mente los relatos de mis interlocutores o las situaciones lejanas en el tiempo y el espacio. También tengo historias pendientes de terminar de mi adolescencia. Sobretodo un libro de fantasía que relataba la historia de un linaje de mujeres sometidas a los designios políticos y culturales de un reino encantado. Nueve historias en las que las protagonistas se empoderaban de sus deseos y sueños, de la libertad de sus cuerpos y sentimientos, y de los destinos de su vida y las de sus descendientes. A estas alturas suena casi premonitorio, pero el escribir esa historia fue mi primer acercamiento al tema del feminismo y todos sus microcosmos: la maternidad, la igualdad, la emancipación, la diferencia. Una de aquellas mujeres daba a luz a tres hijos. Uno de ellos, seguía la senda de la magia, otro la senda del honor. Y finalmente nacía una niña silenciosa que se dedicaba a la orfebrería. Quien iba a pensar que entonces ya hilaba en mi mente la figura de mis tres maternidades.
Entrando a la Universidad, conseguí mi sueño. Estudié antropología en la Universidad de Chile y me especialicé en Antropología Física, lo que me permitió cursar tres años de la Carrera de Medicina en la misma casa mater. Antes de terminar, cumplí mi sueño de trabajar en arqueología. Recorrí la mitad de Chile al más puro estereotipo de arqueólogo: con pala, picota y overol tuve la suerte de descubrir bellísimas tumbas y especializarme en la prehistoria de la zona central del país. Trabajé con grandes de la arqueología. Trabajé con grandes amigos, incluso con mi madre, que a su vez, cumplió su sueño de verme trabajando en lo que siempre quise. En esas lides conocí a mi compañero de vida y aventuras, hasta el día de hoy. Estando allí, a veces días completos con un enterratorio que debía limpiar y analizar, seguía dándome vueltas el tema de la mujer, la infancia y la maternidad. Temas tan sensibles y emotivos, pero que se pierden en los anales de la historia. No importaba cuantos años tuviera una tumba, los niños seguían siendo niños y las mujeres madres devotas. Me impresionaban los gestos de la muerte: seres queridos perdidos para la vida consciente, pero honrados para posteridad. Siempre había platos servidos, fuegos extintos, vasijas en las que se leía quiénes eran esas personas. Mi objetivo, al descubrir las tumbas era poder llegar a reconstruir quiénes eran esas personas, para que pasaran de ser un esqueleto a un individuo que de una u otra había dejado una huella en la historia. En nuestra historia. Hoy desarrollo esa misma inquietud en el desarrollo de la Terapia Constelar. Con otras herramientas, me apasiona poder poner nombre y sacar a la luz la historia de los ancestros de un constelado. Cuando eso ocurre, un linaje respira, se enaltece, se honra. La persona encuentra el brillo de luz interior: lo heredado, no se hurta.
Conocí la medicina complementaria durante los momentos finales de la enfermedad de mi madre. La medicina natural era algo que siempre había estado en mi familia, pero que mi mente racional había renegado. Lamentablemente, no pude darme cuenta a tiempo, como para aprender de primera mano todos los saberes de las mujeres de mi familia. He debido estudiar, cuidadosamente cada técnica. Cada palabra, cada nueva herramienta terapéutica me devuelve a ese seno familiar materno, que ya no está en este plano, pero con el que me conecto en mi hacer diario.
Tras el nacimiento de mis dos hijos, las terapias han ido cobrando más protagonismo en mi vida. Así nació Angelitodemiguarda, mi espacio donde florece mi jardín de terapia floral y moran seres terrenales y celestiales que guían mi camino y comparten sueños. De la mano de Criamor, se unen las terapias con mis antiguas inquietudes y pasiones, antes reflejadas en mis escritos, en mi trabajo arqueológico. A veces, a ojos de extraños, este camino parece equivocado, en una sociedad que privilegia lo tangible antes que lo esencial. Por eso mismo trabajamos, a diario en Criamor. Para recordar que lo esencial es invisible a los ojos. Yo escogí la libertad, y el Universo me auspicia, a diario.
Twitter: @ASaunier